viernes, septiembre 28, 2012

Preventorio de la Sabinosa (Tarragona)

Hace unos días te contaba la experiencia de mi madre en el Preventorio de Guadarrama y ahora te quiero contar la experiencia de otro de mis tios en otro preventorio durante la dictadura, en este caso se trata del Preventorio de la Sabinosa, que estaba en Tarragona. Chicos y chicas eran enviados de preventorios diferentes, aunque se ve que los trataban igual de mal a todos en cualquiera de ellos. 

Me alegro mucho que mi familia esté contando esto que llevaba dentro, porque es algo muy serio y que se han guardado, en el caso de mi tio lo ha llevado con mucho dolor y ahora por fin puede contarlo todo. 

Preventorio de la Sabinosa

Yo estuve allí
Por Antonio Zapata Carrillo

En el verano del1958. Salí un día todo ilusionado rumbo a Tarragona para ver el mar. Mi primer mal trago fue en el tren: me subieron en el falso techo del pasillo con una manta para pasar la noche, no cayeron en que teníamos que orinar, por lo que lo hice en el mismo sitio y supongo que le caería al que estaba en el suelo del pasillo. Llegamos al preventorio; nos extrañó que los veteranos nos cantaran “novatos de pre” y nos decían “diez días paz la vía”, aparentando estar muy contentos por el poco tiempo que les quedaba allí. Nosotros íbamos con ropa nueva, ellos iban andrajosos, ropas descoloridas y alpargatas rotas, pues a la hora nos quitaron la ropa nueva y nos dejaron prácticamente como a ellos.

Nos bajaban todos los días a la playa pero ¿podéis creer que en tres meses me bañé cuatro veces de cinco minutos y otra vez para hacerme una foto que aún conservo? Tengo cinco hermanos de los cuales tres fuimos al preventorio nacional antituberculoso. Yo a la Sabinosa y mis hermanas a Guadarrama, dos de los cuales a los quince años caímos en dicha enfermedad. Mi hermana estuvo un año ingresada en un hospital en San Rafael y yo año y pico en otro hospital en el Escorial (y eso que era preventorio).  

Un día en ese lugar era así: nos levantábamos temprano, nos lavábamos con un agua no potable que olía fatal, nos sacaban a la calle en formación y cantábamos el “cara al sol”. De allí a desayunar un plato de sémola, con mucho asco porque muchas veces encontrábamos  gusanos dentro. De allí a misa y de misa a la playa vestidos. Nos ponían al final de la arena a jugar sentados, muchas veces en formación con la cabeza agachada, castigados por cualquier motivo o porque molestábamos a la cuidadora, que estaba leyendo un libro. De allí a beber agua: eso sí que era una odisea. Sólo había tres grifos de agua potable en todo el recinto y nos llevaban a todos a la vez. A muchos no les daba tiempo ni a mojarse los labios y ahí daban “ostias a diestro y siniestro” porque había que beber después de estar toda la mañana a pleno sol; después nos ponían a la sombra a pasar la insolación hasta la hora de comer, en la puerta del comedor se ponía el instructor, un señor que para sargento de la Legión hubiera valido y no para tratar con niños, pasaba revista  sobre todo de las cuerdas de las zapatillas que se rompían con sólo mirarlas. Una vez dentro siempre había algún niño que había dicho alguna palabrota, pues le sacaban al centro y delante de todos le daban aceite de ricino que después le hacían vomitar delante de todos los que estábamos allí esperando nuestro plato así que se puede imaginar el cuerpo que se nos quedaba. Por cierto, la comida era mucha cantidad pero asquerosa.  

La siesta era otra odisea. Tenías que dormir de espalda a la cuidadora, que se ponía en un extremo del dormitorio con el dichoso libro; al que se daba la vuelta sin darse cuenta se le sacaba de la cama y se le pegaba. El pobre niño no sabía por lo que era. Una vez levantó a uno y se lio con él a zapatillazos en la boca, parecía que se había vuelto loca. El niño echaba sangre como un becerro, la cuidadora se asustó, creía que lo había matado. Me mandó a mí que le tapara la boca con una sabana para que no echara sangre. Después de la dichosa siesta nos mandaba a hacer nuestras necesidades, ya que para eso teníamos nuestro horario, después nos llevaban a la iglesia a rezar el rosario que se hacía interminable por el calor que hacía y después nos llevaban al monte. No nos hacían andar mucho porque el lema era hacer el mínimo ejercicio. Si nos portábamos bien nos dejaban andar, no correr.
Yo me pasé los tres meses buscando caracolas pequeñas para hacer un collar a mi madre pero un día de mala leche de la cuidadora, me abrió la mesilla y me las pisoteo todas. Eso me sentó muy mal. Si no me sujetan me tiro a por ella y por eso me pusieron un castigo de un mes sin bañarme en el mar, lo cual no me importó demasiado ya que apenas nos dejaban bañarnos, aunque como niño que era sí que hacía ilusión. Después del monte, a cenar el famoso plato de sémola, luego a la cama y al día siguiente igual.

Un día fue diferente: nos dieron zapatos y ropa nueva. No sabíamos por qué era. Nos llevaron a Tarragona a los toros, pienso que si no había otro espectáculo más adecuado para niños de cuatro años. De todas maneras se agradecía salir del preventorio. Teníamos un campo de fútbol precioso, con su tribuna y sus gradas pero nunca se utilizó porque allí como ya he dicho la actividad era la mínima para así poder engordar y traer un buen color de vuelta a Madrid.

Preventorio de la Sabinosa

Vacunas no sé cuantas nos pusieron, perdí la cuenta. Un día sí y otro también. Yo no estaba enfermo.

Había un director que tenía un chalet y allí tenía muchos hijos a los que veíamos pasar delante de nosotros con sus bicicletas, nos daban mucha envidia. Luego estaba el instructor, después monjas y por último las cuidadoras. Nos enseñaban canciones para cuando llegáramos a Madrid alabando las colonias, cuando fue un suplicio que no se lo deseo a nadie. Lo mal que lo pase la mili en el Goloso, en comparación, eso sí que eran vacaciones. 

Preventorio de la Sabinosa

9 comentarios:

  1. Manuela9:15 a. m.

    Que horror!! Espeluznante!! Como se podía hacer eso a niños.
    Hoy en vez de comentario, tengo que decir "sin comentario", por que la narración lo dice todo.
    Muchas gracias a tu tío por hacernos participes de su vivencia, así muchos conocemos algo mas de lo que se vivió en esos años de aquella España "Una, Grande y Libre".
    Un beso para todos y en especial hoy para Antonio.
    Que paséis un buen fin de semana !!

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  2. Lola Ariza11:43 p. m.

    Digo como Manuela "Sin comentario"
    pero también estoy horrorizada de lo que hicieron sufrir a los niños.

    Esperemos que no se repitan esas crueldades con personas inocentes.


    Hoy los besos para Antonio

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  3. Qué barbaridad!!!! Yo no sabía que habían existido estos centros!!! Es como un campo de concentración para niños, y si eso le hacían a los niños... qué le hacían a los adultos en la época franquista??? Tendré que preguntarle a mis padres a ver si saben algo de eso!!

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  4. Anónimo11:24 a. m.

    Yó soy Alfonso el de la gorra en el trio , lo que ha narrado es completamente cierto , sobre todo lo del suplicio de la sed. Gracias por la foto , pués la había perdido.

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  5. Tengo un libro publicado sobre la Savinosa, su titulo es EL SECRETO DE MI MARIPOSA.
    Si alguien desea leerlo, se lo enviaré sin gasto alguno
    Para recibirlo, solo teneis que enviarme vuestra dirección de correo electrónico e indicarme donde los descargareis; teléfono, tableta o ebook o si solo lo leeréis en el ordenador, son archivos diferentes. es mi contribución para que no se olvide el Preventorio de la Savinosa

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    1. Anna me gustaria leer tu libro. Lo leeria en el telefono. Mi direccion es fuenmayor@telefonica.net. Muchas gracias de ante mano. Un abrazo y enhorabuena por la iniciativa.

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  6. Anónimo10:29 a. m.

    Hanna, te agradeceria enormemente que me facilitases tu libro para leerlo en tablet. Como indicas que es tu contribución para que no se olvide El Preventorio de la Sabinosa, te puedo decir que yo estuve allí en el año 1995, y cual sería mi experiencia que lo tenia olvidado casi totalmente, no se si es mi subconsciente el que evita estos recuerdos pero casualmente cuando oí las noticias sobre el preventorio en Antena 3 vinieron a mi memoria todos los terribles recuerdos que mi subconsciente evita. Muchas gracias por mantener vivo este recuerdo aunque en muchos de nosotros no sean agradables, Mi correo es baltar_1995@yahoo.es

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  7. Anónimo7:32 p. m.

    Yo estube en el preventorio de la Savinosa, mis padres creían que era un campamento de verano, nada mas llegar la bienvenida de los veteranos que estaban deseando irse, cantándonos novatos del pre etc , yo decía parece un buen sitio. Luego las comidas que eran serrín , lentejas que tenían mas piedras que lentejas. Y por supuesto un vaso de agua para la comida, yo me ponía enfermo para que me llevaran a los lavabos de los comedores y como muchos otros nos inflábamos de agua de los lavabos. Estuve en el Pabellón 7A. Por el 64. Cuando volví a Madrid mis padres no me conocían de la delgadez que tenia, parecía un tuberculoso de verdad.

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  8. He leído tu comentario, Antonio, y me he emocionado. Yo estuve en el año 1955 y digo que quizá te quedes corto en tus experiencias. Ahora, desde la distancia en el tiempo, me es imposible comprender cómo se podía ser tan crueles con los niñoa (yo tenía 9 años). Lo único de positivo que saqué de mi experiencia fue aprender a jugar a las tabas. Por último quisiera pedir que si alguien dispone de alguna fotografía de mi expedición (creo que era la 181) se pusiera en contacto conmigo: josepereagomez@hotmail.com.
    Antonio: me figuro que ya se te habrá pasado el trauma. A mí me duró muchísimo y tengo 70 años.

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