Cenando en Catalán

Nosotros seguimos conociendo cocinas diferentes, por que así se descubren cosas nuevas, como de esta cena, que siempre me han gustado las cebolletas, pero después de esto me he hecho fan. Quedamos con César y Mari para cenar juntos en un restaurante recomendado por Patricia, que ya que nos recomendó Casa Goyo (el de los San Jacobos gigantes) y nos gustó tanto, se ha colocado como “Recomendadora Número 1”, así que le hecho caso te adelanto que sigue manteniendo su primer puesto, es sitio muy chulo.

España tiene una gran riqueza gastronómica, pero la verdad es que es triste, pero no la conozco, he ido conociendo poco a poco, pero quiero seguir. Tenemos muy buenas materias primas y cada región las prepara de una manera diferente. Como te hablaba de las cebolletas, llevo comiéndolas toda la vida y ni me imaginaba que se pudiesen comer así y son las mismas de todos sitios. El Restaurante se llama Casa Jorge, esta en Calle Príncipe de Vergara, 144 y para reservar: 91 411 37 28

Marisol era la que sabía algo más de a gastronomía catalana, pero para nosotros tres todo era nuevo, así que pedimos el menú degustación por que nos dijeron que teníamos que probar la “Calçotada“la verdadera estrella del restaurante.

Empezamos el menú con un plato de Embutidos típicos catalanes, butifarra, morcilla, salchichón, etc y tengo que decir que estaban buenos, pero los andaluces son más sabrosos. Lo que si me encantó es el plato que se ve al lado, de Bacalao con tomate y cebolletas, que estaba muy suave. Y por supuesto una ración generosa para cada uno de Pan Tumaca que a mi me encanta.

Y claro, yo flipé cuando nos traen estos baberos enormes, ya te digo que yo no sabía lo que iba a comer, estoy acostumbrado a que esos baberos se ponen cuando se va a comer carne o marisco, así que me esperaba una fuente “grasienta” cuando aparece el camarero con una teja, un teja de barro de las de toda la vida y desenvuelve un montón, de lo que creí que eran puerros quemados, me ha faltado la foto de mi cara que debió ser de alucinado.

Yo creí que eran puerros, pero son cebolletas blancas, se llaman Calçot, una palabra catalana por que es una planta que se “calza” se le amontona tierra encima del tallo para que se mantenga lo más blanca posible. Tiene su propia Denominación de Origen.

A la mesa trajeron dos cuencos con salsa para los calçot, que se llama “Salsa Romesco” yo que soy así de curioso fui y probé la salsa, que me pareció algo sosa, con poco sabor. Así que pensé “Puerros quemados con salsa sosa” … ¿Habrá un McDonalds cerca? Pero entonces vino un camarero muy majo y nos explicó como se comían los “puerros quemados“, tienes que pelarlos y quitarles todas las hojas quemadas, hasta que te quedas sólo con el corazón de color claro, entonces con toda la cebolleta a lo largo tienes que meter la puntita de abajo en la salsa romesco y levantarlo hasta comerte esa punta con la salsa, ya lo verás en las fotos de abajo.

Verdaderamente, cuando lo probé se me puso la piel de gallina DELICIOSO, PERO DELICIOSO, SORPRENDENTEMENTE DELICIOSO. Un sabor suave, pero sabroso, la mezcla del corazón de la cebolleta con la salsa hace una mezcla delicada que te sorprende, no te esperas que algo tan aparentemente simple esté tan bueno. La suma de los dos sabores es sorprendente.

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Yo tengo que decir que me encanta comer con las manos, me parece una manera natural. No me cuesta nada “pringarme” a la hora de comer y esto se come con las manos, hasta guarrearte entero, la verdad es que si no te ponen el babero puedes salir duchado en salsa. A los 4 nos encantó, la verdad es que se suma la sorpresa, con la novedad, más la originalidad del plato para hacerlo más especial. Nos lo comimos todo y acabamos a reventar por que era una cantidad más que generosa.

Y claro, entre los baberos y el guarreteo, a nosotros que nos hace falta poco, nos dio la risa tonta durante toda la cena y como el sitio estaba casi vacío, que hace que pierdas las inhibiciones empezamos a reirnos, que terminó viniendo el dueño del restaurante a “felicitarnos por lo bien que lo estábamos pasando“.

El último plato fue una fuente de carne, pero la verdad es que estábamos tan saturados de comida que apenas la tocamos, las salchichas que estaban muy buenas y Mari que le gustan mucho las fabes, pero la verdad es que comimos cantidad y calidad. El sitio es muy recomendable, además muy confortable, los camareros y el dueño muy majos y cercanos. Decoración moderna.

Y terminamos como se debe, con una crema catalana y un sorbete de cava, que es lo ogligatorio en un sitio de cocina catalana, ¿no?


Otro sitio que nos gusta y un nuevo conocimiento gastronómico, que es cultura que uno va cogiendo. Ahora tengo que llamar a Patricia que nos recomiende más sitios ¿verdad?

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9 Opiniones

  1. Anónimo
  2. Manuela
  3. Sonia g

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