El Monstruo de Gandiaga

La historia que te voy a contar es la típica que ahora, a tiempo pasado, me puedo reir, pero en su momento pasé un mal rato que no te imaginas. La primera noche nos la pasamos jugando en la sala de recreo del hotel, a la PlayStation, hasta las dos de la madrugada, nos íbamos a acostar y antes nos dimos un paseo con los perros. La noche era negra, negra… además las luces que iluminan el santuario, que son muy potentes lo que hacen es ennegrecer más el resto, y en lo alto de aquella montaña, aislados y solos imagina la situación.
A Javi no se le ocurrió otra cosa que decir de hacer fotos nocturnas, nos habíamos llevado el trípode para la cámara, por que las fotos nocturnas son lentas, tienes que dejar la cámara un rato en cada foto, para que capte bien la imagen. Así que con todo el artilugio nos pusimos a hacer fotos. Bueno Javi hacía las fotos mientras yo andurreaba con Thor en medio de la noche.

Estábamos los dos un poco lejos de Javi, junto a la zona más oscura cuando algo empezó a correr hacia nosotros, yo me puse en guardia y Thor empezó a gruñir yendo hacia donde venían los sonidos de la carrera. Yo agarré a Thor, pero oia como “algo” estaba muy cerca nuestra, lo escuchaba andar perfectamente. Thor estaba como loco, gruñendo todo el rato.
Tú sabes la sensación esta de peligro, esta sensación instintiva que te pone en guardia… y toda la piel del cuepo de gallina. Yo no sentía miedo por mi, presentía que el que estaba en peligro era Thor, que fuera lo que fuera su objetivo era el perro.
Yo notaba como cuando nos movíamos, lo que fuera, se movía manteniendo las distancias, imagino que esperaría un momento de despiste para acercarse al perro. Saqué la cámara de fotos y disparé con el Flash, esperaba asustar al animal y a la vez ver de que se trataba, por el ruido que hacía me había hecho una idea del tamaño (tamaño perro grande) pero prefería ver de qué se trataba y por otro lado lo que quería es que se fuera, a ver si la luz lo asustaba. Pero no fue así, como estaba tan oscuro el flash no iluminaba nada y el animal, que estará harto de ver los fotos del santuario no se asustaba del destello.
Empecé a llamar a Javi, pero este estaba todo entretenido con las fotos y no me hacía ni caso, tampoco quería gritar preocupado por que podían oírme los curas y tampoco era cuestión. Así que me fui acercando a Javi para decirle (sin soltar al perro en ningún momento de mis brazos, que el chiquitín todo su empeño era ir a por lo que fuera que se lo quería comer) que nos íbamos inmediatamente. Ya le conté lo que había pasado ¡¡Y encima va y me refunfuña!!
Yo estaba muerto de miedo y Javi quejándose de que no le dejaba hacer fotos. Lo llevé a rastras hasta la habitación. Esa noche dormimos con todas las persianas cerradas, hasta la del baño y abrazado a Thor. Tardó bastante en quitárseme el mal rollo del cuerpo y poder dormir.
Por la mañana le pregunté a Koldo, que me dijo que hay coyotes y zorros, aunque él nunca había visto nada y se rieron de mi por el susto, ellos dicen que debió ser un perro que hay en el centro de congresos adjunto (Gandiaga) por eso lo bautizaron como el “Monstruo de Gandiaga“. Yo no lo creo, por que un perro se habría acercado a mi y no se habría mantenido escondido, suelo fiarme de mis instintos y en ese momento el miedo era auténtico.

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