En Pinchazo

Todavía me quedan cosas por contar de India, que aunque te he contado lo de este fin de semana con Estaban y Natalia, una de las cosas más bonitas del viaje por India empezó como un accidente. De todos modos si te cansas de que te cuente cosas de la India solo tienes que decirlo. Es que ha sido un viaje tan especial y es una cultura tan diferente a la nuestra que hay cosas que no quiero que se me olvide contarte.

Como te decía andábamos una mañana por esas carreteras indias, que son cualquier cosa que no se parezca a una carretera nuestra, para ellos son autopistas (y por supuesto de peaje) pero sólo tienen dos carriles en cada sentido y todo se cruza al mismo nivel, circulan animales y cualquier cosa que pueda andar, vamos.

En realidad como ya te he dicho lo que menos se ve en la India son coches, cualquier cosa que ande y sobre todo que pueda cargar con cosas es un vehículo la mar de válido.

Pues cuando íbamos por la carretera, básicamente en medio de ninguna parte, pinchamos una rueda, la verdad es que no fue nada brusco ni nada peligroso  sólo empezamos a escuchar un ruido raro, pero no hubo un reventón ni nada parecido. Cuando tuvimos que salirnos al arcén para ver que había pasado.

La rueda efectivamente estaba pinchada.


Rápidamente decenas y decenas de niños de un colegio cercano, salieron corriendo y se acercaron al autobús  Imagino que es toda una novedad que un autocar lleno de “blancos” se rompa justo al lado del colegio  Eran bastante tímidos y no se acercaban demasiado, sólo se quedaban mirando.



Justo al lado había un edificio abandonado donde varias mujeres estaban esperando para ir al trabajo, así que servimos de entretenimiento a más gente ese día.

Fue muy chulo cuando se levantaron todas, cuando llegaron a recogerlas y al ponerse de pié se vio el despliegue de colores de los saris… una preciosidad.

Venía el tractor a por ellas. En India la mujer es la que trabaja en agricultura, se considera más un trabajo femenino que de hombres.

Rocio y Begoña que eran las estrellas de nuestro grupo, rapidamente fueron invitadas a subir al tractor.
Y nos bajamos todos del autocar a esperar el arreglo y ocupamos el sitio de las mujeres que esperaban.

Rocio y Augusto con nuevos amigos. Los chicos en general eran tímidos en el trato con nosotros, no se acercaban, la mayoría no habla inglés, por lo que se sienten más impotentes. Pero si tu te acercabas a ellos les encantaba.

Tuvimos que estar un buen rato esperando mientras cambiaban la rueda. Imagino que algo así de grande no es tan fácil de cambiar. Le preguntaremos a Mariano, novio de Patricia, que es el autobusero de la familia.

Todo el que pasaba se nos quedaba mirando, nos saludaban, se reían… imagino que no es algo tan usual.
Lo malo fue que cuando consiguieron cambiar la rueda, el resultado no nos gustó nada, porque esta foto de abajo es la de la rueda que pusieron de repuesto, que no tenía ni dibujo, estaba tan gastada que podía reventar en cualquier momento. Todos empezamos a comentarlo, que no nos inspiraba nada de seguridad. La verdad es que una rueda así, por esas carreteras y en un vehículo tan pesado no creo que hubiese aguantado hasta nuestro destino.

Y entonces llega el momento surrealista del día… el ayudante de conductor, coge la rueda, empieza a hacerla rodar por la carretera ¡y se va con ella! Empieza a andar y andar…. y se va…. imagina nuestras caras, porque estábamos en medio de ninguna parte.

Nos hicieron montar al bus de nuevo a todos…

¡Venga valientes, todos arriba!


Y el autobús ando unos cientos de metros y resultó que el ayudante se había llevado la rueda a una especie de taller que había más adelante, que en realidad era un edificio viejo donde vivía una familia y que tenían herramientas.

Llevaron allí la rueda para arreglarla y volver a poner la misma que se había roto, por que notaron que nos hacía mucha gracia continuar la marcha con la de repuesto tan desgastada. Pero claro, sin las herramientas adecuadas aquello fue un trabajo de manualidades la mar de complicado.

Allí que nos bajamos todos, a esperar en la casa mientras arreglaban la rueda.
Hablamos de un entorno totalmente rural, una carretera entre dos ciudades, pero que el camino es puro campo. Una familia humilde que vive del campo y las cosillas que puedan hacer como taller y en un país pobre. Te digo todo esto para que no te extrañes de las fotografías que te voy a poner ahora de como era la cocina, que la tenían en la calle, justo donde nos bajamos todos.



Mientras estábamos esperando aparecieron una niña con unos niños. La niña llevaba la leña en la cabeza e iba acompañada de una cabra. La estampa en realidad es muy bonita y te adelanto ya que la niña era la madre de los otros niños. Allí las edades “avanzan” muy rápido, lo que para nosotros es una niña, allí ya se casan (13 años). Así que se trataba de una madre con sus hijos que estaban haciendo las tareas del campo.

Como Javi y yo nos habíamos llevado cantidad de comida y dulces para los niños, fue Javi y les dio barias bolsas de galletas y chucherías.

La abuela vino corriendo a ver que le habíamos dado a los niños. Es la mujer de naranja. Los niños revisaban su botín.

La verdad es que creo que fue una buena idea, porque rompimos la barrera del corte inicial, que eran super tímidos, hasta la cabra nos balaba, pero luego ya se acercaron y nos dejaron conocerles un poco más.

Como estábamos en su casa, decidimos que les íbamos a dar todas las cosas que llevábamos en la mochila a ellos, es gesto de buenos invitados, ¿No? Y aunque no hablamos de gente necesitada, sino humilde, creo que era un buen regalo para los niños, que no estarán muy acostumbrados a una invasión de blancos en su casa.

Te he dicho que fue una de las experiencias más bonitas del viaje porque pudimos estar en la casa de esa familia, pudimos verles en su terreno. A todos nos llama la atención una cultura diferente, pero poder ver una familia india, con todas sus generaciones, en su casa fue una experiencia muy interesante. Poder hablar con ellos, interactuar con ellos, que cuando eres un turista pasas por los sitios, ves, pero no conoces a nadie, ni ves muchas veces como vive la gente. En este caso si que pudimos tener una dosis de la realidad india.

Lo primero es la gran cantidad de gente que vivía en esa casa, yo perdí la cuenta de los adultos y nos niños que había, eran un montón. Todos ellos familia, claro. Se ve que allí se casan y siguen viviendo en la casa de la familia. Y había un montón de niños, los indios no tienen control de la natalidad, así que se tienen muchos hijos, sobre todo en el campo, donde se les considera mano de obra, así que no era de extrañar que ni supieramos la de niños que había allí.

Nos acogieron con la misma curiosidad por nosotros que nosotros por ellos, aunque claro, tengo que admitir que nosotros debíamos de dar miedo, porque éramos un autocar entero de personas que nos metimos en su terreno. Al principio nos miraban con la misma curiosidad que nosotros, pero poco a poco se fue rompiendo el hielo y pudimos tratar con ellos, en mi caso encantado de poder hacer estas fotos, que creo que son una chulada y un bonito documento gráfico de este viaje.

Yo me entretuve en hacer toda las fotos posibles, sin molestarles, por supuesto, mientras los demás les daban charla o jugaban con los niños. Las mujeres sobre todo que visten con estos saris de colores, que son tan chulos, tan vistosos, que me lo pasé genial haciendo fotos como un loco, no te imaginas lo que me ha costado hacer una selección.

No te sé decir que niño era de cada adulto, pero se nota que el concepto indio de familia es muy cerrado, es un nucleo donde todos intervienen en la vida de los otros, donde se vive muy cercano y con muy poca independencia e intimidad.

Como estábamos los viistantes, a los más pequeños, como este fueron y lo lavaron y le pusieron ropa limpia, cosa que al niño no le hizo gracia, porque estaba enfadado con nosotros.

Toda la familia nos trataba con mucha curiosidad, al final todos ellos terminaron allí con nosotros.
Este niño cuando se ponía contento sacaba la lengua, me hacía mucha gracia.

Begoña y Augusto sacaron los teléfonos para ponerles juegos del iPhone, aunque ya te he dicho que India es un país tecnologicamente muy avanzado, imagino que no todo llega a todos sitios y les llamaba un montón la atención. Y no sólo a los niños, sino tambien a los mayores.
Como te he dicho al principio, lo que parecia ser sólo un inconveniente, un pinchazo en mitad de ningún sitio resultó ser la oportunidad perfecta de poder estar con indios en su casa, de poder estar cerca de ellos, de poder hacer fotos de su forma de vida. Gente además muy maja, divertida, que pese a la diferencia cultural nos trataban con cariño y respeto.

A mi me alucina los dientes que tenían todos, unos dientes blanquísimos, perfectos. Debe ser por la dieta, porque sus medidas de higiene son limitadas, pero como no comen apenas dulces ni azúcares, no les afecta tanto la caries. Imagino que habrá mil cosas que no se me ocurren, pero todos los indios que veíamos tenían una dentadura perfecta.

A mi los indios no me parece muy guapos en general, pero las chicas si que son muy guapas, tienen unas formas de cara y una piel muy bonitas. El pelo negro y mucha inocencia.

Noz hicimos fotos con ellos, asi un poco en familia. Sin molestar, con su complicidad.
Jo, cuando nos fuimos nos dio hasta pena, porque había sido una experiencia auténtica, por improvisada, había sido algo de verdad. Habíamos estado con ellos, en su casa, en su entorno, les habíamos visto de cerca, habíamos jugado, reido…. mucho más real que muchas experiencias que se tienen como turista. No sé te sonará a cursi, por que tampoco es para tanto, no es una aventura llena de emoción, pero si una parada muy bonita.


Me quedo con la sonrisa de los niños de esta parada y sobre todo con el buen montón de fotos que nos dejaron hacerles. Creo que son algunas de las fotos má chulas que he hecho nunca.

De hecho he dejado para el final esta foto, que creo que es la mejor del viaje. Espero que te guste:

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12 Opiniones

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