Mi Primer Carpaccio

Después de contarte ayer la receta del Carpaccio “a la Francis” te tengo que contar nuestra primera experiencia con el carpaccio hace muchos años. Hoy en día el carpaccio es muy habitual en muchos restaurantes, es un plato que se ha hecho muy famoso y no es ajeno a casi nadie, aunque no se coma a menudo, todos en algun momento nos lo hemos encontrado. Pero hace bastantes años no era nada habitual y menos en Córdoba. Javi y yo vinimos a Madrid para ir al SIMO, la feria de informática, cuando quedamos con Jesús y nos llevó a cenar con unos amigos suyos a un restaurante italiano fino, no voy a decir cual es por que es muy conocido.

Todos miramos la carta y pedimos, uno de los amigos pidió el Carpaccio, Javi y yo como no sabíamos lo que era se lo preguntamos, él nos explicó que eran láminas muy finas de carne cruda de ternera que se comen sin acompañamiento. Dicho así y si no lo has visto nunca, la verdad es que suena poco apetecible.

Cuando trajeron el plato era muy bonito, las laminas de carne al borde y todo el centro como este de la foto, con una serie de hojas de berros para decorar, muy llamativo, la verdad es que el plato entraba por los ojos. Javi y yo, como no lo habíamos visto nunca lo mirábamos con mucha curiosidad, cuando de repente veo que de una de las hojas de berro se está bajando un gusano, vivo, de paseo hacia la carne. No era de la carne, se veía que era un gusano que estaba en los berros, pero claro, asco da un rato ver un gusano en un plato.

Iba a avisar al dueño del plato cuando Javi me sujeta la mano y me dice que me calle por lo bajo. Yo muerto. Javi razonó por lo bajo: “Es carne cruda, así que será normal que tenga algo vivo“. Y yo ni idea, es una de esas situaciones nuevas que no sabes que hacer, por que puedes quedar de super-cateto si resulta que es normal que el plato lleve eso, pero por otro lado si el chico se come el gusano delante de mi, yo no toco mis espaguettis… ¿Que hacer? Javi insistía en que no dijera nada, pero yo no le veía sentido al gusano en el plato. A veces nos vemos intimidados por un ambiente, cuando en realidad se trata de hacer caso simplemente al sentido común.

Al final, menos mal, el chico se dio cuenta y llamó al camarero inmediatamente, el hombre todo abochornado salio corriendo con el plato. Vino a pedir mil disculpas y explicó que usaban unos berros fresquísimos y aunque los lavaban a conciencia se les había pasado un gusano. El chico de todos modos cambio de plato y cenó otra cosa.

Javi y yo ya confesamos que habíamos visto el gusano y que no habíamos dicho nada por si acaso. Nos echamos unas buenas risas a costa del pobre gusano.

Uno espera que despues de algo así el restaurante te invite a cenar, por lo menos en las películas siempre pasa eso, pero no tuvieron tal gentileza y sólo nos ofrecieron una copa después de cenar… ¡Cuanto daño ha hecho el cine!

A partir de ahora mira siempre en el plato de carpaccio por si hay algo “pastando” entre los berros, que pasa hasta en los sitios más finos.

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