Mis primeros textos

Me he armado de valor y he decidido que tú seas mi crítico literario. Son mis primeros trabajos para la clase. Se trata de un ejercicio que se llama el binomio fantástico de Gianni Rodari, por el que el eliges dos palabras al azar y tienes que escribir un relato corto sobre la relación entre ellas. Javi ha sido la mano inocente que me ha dado dos palabras: Perro y Pincel. Así que he escrito dos relatos, uno de 150 palabras, que no dan para mucho y otro de 700 palabras.

El perro con pincel
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Tengo el perro más raro del mundo, no le gusta que le tire palos en el campo, ni ir corriendo tras ellos para devolverlos, a mi perro le gusta llevar siempre un pincel en la boca. Ha aprendido a vivir con él, ladra, juega, duerme y hasta come sin sacarse el pincel de la boca. Siempre ha estado ahí.

El problema es que el pincel siempre pinta, aunque parezca estar seco, cuando toca una pared parece estar lleno de pintura, además en cada momento de un color diferente y va dejando una divertida raya, arriba y abajo al andar.

Mi madre se enfada con mi perro. Pero no hay manera de que suelte su pincel y gracias a eso tenemos la casa más divertida del pueblo, porque todas mis paredes están grafiteadas de todos los colores.

A los profesores les ha gustado, han dicho:”Un gamberro con alma de artista es ese perro”.
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Este segundo es sólo para tus ojos, no se lo he enviado a los profesores del curso:

El Pincel de la Abuela
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Mi madre siempre decía que mi abuela era un poco bruja, pero eso no hizo menor mi sorpresa el día que descubrí que tenía razón.

Cada día, mi abuela venía a mi colegio a recogerme para que pasásemos la tarde juntos, mientras mis padres trabajaban. Esas tardes eran lo más divertido del día, mi momento favorito, porque mi abuela vivía en una casa rodeada de un bosque, donde dábamos largos paseos. Así mi abuela me enseñó los nombres de todas las flores, qué clase de animales vivían en el bosque y a respetar el “espíritu del boque”, como ella llamaba a lo que en el colegio decían que era la naturaleza.

Una tarde todo cambió, a mitad del paseo, apareció lo que creí que era un animal que no conocía. Era como una de las muñecas de mi hermana, como una chica pequeñita con alas. Me recordaba a uno de los personajes de la película Peter Pan, al hada Campanilla, pero yo ya sabía que las hadas no existían, no era tan pequeño como mi hermana, ya tengo 7 años.

Yo estaba sorprendido, pero mi abuela sonreía como si fuese la cosa más normal del mundo. Se acercó a ella y empezó a hablarle: “Hola, amiga Paquita”. Eso sí que me sorprendió ¿Un hada puede llamarse Paquita? ¿No debería tener un nombre largo y misterioso? El hada respondió hablando “Hola, amiga Aurora”, que es como se llama mi abuela. Y se giró hacia mí y dijo “Hola, futuro amigo Ianto”, casi me caigo de culo ¡El hada me conoce!

El peligro se ha acercado al bosque y aunque los habitantes de la “Comunidad” nos vamos a encargar de todo, queremos avisar a nuestros amigos y futuros amigos, me guiñó, para que busquen protección. Mi abuela agradeció el aviso y el hada Paquita se alejó volando.

Ya eres mayor para conocer la verdad, me dijo la abuela. En su casa me contó que a lo largo de la historia, mi familia había sido una de las familias protectoras del “espíritu del boque”, aunque los chicos no teníamos esa capacidad.

¿Mamá es una bruja? Le pregunté, pero la abuela se echó a reir y me dijo que no, que los poderes saltan una generación. Entonces… ¿Mi hermanita si? Eso es, dijo la abuela. Y tú deberás ser su guardián, desde ahora tienes la obligación, conociendo su secreto antes que ella misma, de protegerla.

Se acercó a su viejo escritorio y sacó un estuche de madera muy finito, como la funda de una flauta, pero muy vieja. Me pidió que la acompañase junto al gran árbol que daba sombra en el porche y me dio la caja para abrirla, dentro había un gran pincel.

Dibuja sobre la corteza de nuestro árbol el ayudante que vas a tener en la tarea de proteger a tu hermana. Debe ser algo que puedas llevar contigo en todo momento y que sea fuerte como para defenderos si algún peligro os acecha.

Ni lo dudé, toda mi vida había querido tener este compañero: cuatro patas, pelo blanco, un hocico negro con unos ojos muy despiertos. Si me viese mi profesora de dibujo le daría un pasmo, porque siempre dice que dibujo muy mal, pero el pincel parece pintar directamente de mi cerebro. Era justo el perro que siempre había querido.

Como si la pintura se cayese de la corteza, el perro empezó a salir del árbol. En unos segundos mi precioso perro, que se llama Thor corría a mi alrededor, como si llevase toda la vida conmigo, sabía que no se tenía que separar de mi. Este será vuestro protector, dijo mi abuela, no te separes de él y haz que siempre esté cerca de tu hermanita.

A mis padres no les hizo nada de gracia volver del trabajo y ver un perro en casa, no era una discusión nueva, pero con una sola mirada cómplice de la abuela a mi madre, esta dejó de discutir y por fin acarició a Thor.

Ahora tengo que cuidar de mi hermanita, que algún día será una bruja como mi abuela, pero necesitará siempre a su guardián al lado.

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12 Opiniones

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