Restaurante La Traviata

Cuando llegamos ayer de Córdoba tuvimos zapping electoral, en las noches electorales Javi yo vamos saltando de debate en debate a ver que van diciendo unos y otros. Así que entre lo entretenido y lo triste de la derrota no estaba para Blog (también se suma lo cansado del viaje) así que esta semana se me va a acumular contarte las cosas del fin de semana.
Empiezo a ponerme al día con la cena que nos marcamos el sábado (ooops! me he saltado la del viernes ¡Viva yo y mi calendario diléxico!) con Anita. Había hace años un restaurante italiano que a Javi y a mi nos gustaba mucho, un sitio tranquilo llevado por unos argentinos, que se comía muy bien y a buen precio, solíamos ir mucho, pero cerró y ha estado mucho tiempo así, hasta que hace poco pasamos y vimos que volvía a estar abierto y era otro italiano con el sugerente nombre de Restaurante  La Traviata.

Teníamos ganas de ir, muchas ganas de ver si quedaba algo de aquella época. Pero lo que nos encontramos fue un restaurante lleno hasta la bandera y empiezo diciendo esto a modo de disculpa por el restaurante, por que así limpio mi conciencia, es raro que yo critique un sitio (para mal), pero esta vez lo voy a hacer.

Lo malo es que el sitio es bueno, es algo muy raro, es como si alguien con buen criterio se hubiese hecho cargo del local y hubiese hecho una lista con las 10 cosas perfectas que debe tener un restaurante y hubiese cumplido 7, pero 3 hubiese hecho justo lo contrario de lo que ponía en la lista. Un ejemplo es que está perfectamente decorado, la ambientación del local con vidrieras, lámparas de Tiffanys y pasta por todos los rincones … y luego la música es el “Tu me camelas” y Niña Pastori a todo trapo, que debe ser de una Italia que yo no conozco, por que te rompía totalmente el encanto. Un fallo muy gordo para mi gusto.

Aunque lo peor, que da una imagen muy mala es ver discutir a los trabajadores, ver como dos camareros discuten en medio de la sala, como si no hubiese decenas de personas delante y los gritos que se pegaban desde la cocina (a la vista de la sala por una gran ventana) hacían que pensases que estabas comiendo en cualquier mercadillo más que en un restaurante.

Y fue precisamente esta falta de atención lo que casi provoca que nos fuésemos nada más llegar, Javi se acercó a una chica y le preguntó si había que apuntarse para turno para mesa, por que el local estaba lleno. En Madrid esa pregunta no tiene sentido por que en todos sitios te apuntan, pero en Córdoba no es demasiado habitual, así que Javi amablemente le preguntó cuando la chica le pegó un grito: “¡Se tiene que esperar!”…. ¡Ya me he quedado sin comer! Fue lo primero que pensé, Javi se quedó alucinado y el cabreo le iba subiendo por momentos. Lo de esta chica no tiene excusa, es de carecer de profesionalidad  por que lo mismo y tardando exactamente lo mismo si se está agobiado se dice con toda la educación del mundo, pero no una voz de verdulera con las ofertas. Yo creí que nos íbamos, por que esas faltas de respeto Javi no las tolera.

Pero cuando Javi ya pasaba del color rojo en la cara vino otra camarera y preguntó si nos habían apuntado y fue cuando Javi se desahogó y le soltó a la chica que su compañera le había hablado de malos modos.La chica se disculpó y en 20 segundos, pese a estar aquello lleno, estábamos sentados en una mesa. El resto del servicio muy bueno, las cosas como son, bien en los tiempos, al tomar nota y luego servir, no tengo más quejas en ese sentido.

La comida es muy buena, pero volviendo a lo de antes, en un restaurante la comida es el 70%, pero el otro 30% también es muy importante. Los platos son originales, la verdad es que comimos bien y pese a estar lleno el sitio, si que mantuvieron un ritmo de sacar los platos bien. Empezamos por una ensalada con salsa rosa que estaba muy buena, por que llevaba queso suave y el contraste entre el queso y lo fuerte de la salsa rosa ligaban muy bien.

Mi plato principal es un plato típico italiano que me gusta mucho: Saltimbocca, en cada restaurante lo hacen de una manera diferente, la idea es un filete de ternera finito cubierto con jamón y una salsa de champiñones por encima, en muchos sitios le meten también queso o lo empanan todo, es un plato muy versátil  Aquí muy bueno, pero si vas pídele que no te lo dejen muy crudo, que se pasan de “poco hecho”.

Javi otro clásico, que le encanta la Calzone, es un plato sencillo, el relleno algo pobre, pero estaba bueno.

Y Anita un solomillo al mojo rojo y mojo picón del que se olvidaron los dos mojos y tuvimos que pedirlos… la verdad es que cuanto más lo pienso, peor los estoy dejando.

Y los postres, Javi un sorbete de limón, que es lo que siempre se pide, yo un helado de frutas del bosque.

Y Anita profiteroles.

Por suerte hay otros Restaurantes Italianos en Córdoba http://www.restaurantescordoba.com.es/Restaurantes-Italianos/
Y como Córdoba es un pañuelo y estaba toda la familia en la ciudad para el bautizo del niño de Miguel y Rosa (otra entrada de esta semana, palaba) llegaron otros primos a cenar. Ya te los presento, por que no salen mucho en el Blog: Queñi con su hijo Pablo.

Aquí Nacho.

Y el padre, Juan con Nacho de nuevo.

Pese a las críticas el sitio me gustó, posiblemente si volviese y lo encontrase lleno me iría, por que no merece entonces la pena. Al pagar la cuenta vino la camarera que nos había sentado a pedirnos disculpas por la calidad del servicio, no habíamos dicho nada, pero se notaba. Nos dijo que tenían mucho personal de baja por gripe y que les había reducido mucho la capacidad de servicio. Yo agradecí el detalle de la explicación, aunque sigo sin ver en ello una justificación al grito a Javi, pero todos tenemos derecho a tener un mal día. Así que posiblemente le demos una segunda oportunidad al sitio. Por que además (por aquello de que Córdoba es un pañuelo) el dueño del restaurante es amigo de Miguel y Rosa….

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6 Opiniones

  1. Antonio Bueno
  2. Anónimo
  3. Anónimo
  4. Anónimo

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